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La actividad económica en la Argentina registró en julio pasado un severo retroceso en sus dos principales motores de empleo urbano y privado: la producción industrial manufacturera y la construcción. Los datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) confirman que la esperada recuperación económica nacional se consolida bajo un patrón profundamente heterogéneo. Mientras sectores vinculados a la exportación primaria, como la agricultura —representada por el incremento en la molienda de oleaginosas—, y la extracción de hidrocarburos —que dinamiza la refinación de petróleo— muestran un claro ascenso, la evolución de la manufactura y de la obra civil y privada-pública se convirtió en una preocupante incógnita para la administración de Javier Milei.
La magnitud del freno quedó plasmada en el comportamiento de ambos indicadores: el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) registró una contracción interanual del 4,5% en julio, acompañada por un desplome del 4,6% en su serie desestacionalizada con respecto a junio, mientras que el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI manufacturero) anotó una caída del 4,9% interanual y un retroceso mensual desestacionalizado del 5,0%.
La recesión industrial se profundizó de manera generalizada en el inicio del segundo semestre. Al evaluar el comportamiento del sector, el informe del INDEC dictamina que “en julio de 2026, el índice de producción industrial manufacturero (IPI manufacturero) muestra una caída de 4,9% respecto a igual mes de 2025. El acumulado enero-julio de 2026 presenta una disminución de 2,6% respecto a igual período de 2025”.

La velocidad de la contracción mensual se aceleró fuertemente respecto del comportamiento de los meses previos, confirmándose una pérdida de dinamismo generalizada en las líneas de montaje: “En julio de 2026, el índice de la serie desestacionalizada muestra una variación negativa de 5,0% respecto al mes anterior y el índice serie tendencia-ciclo registra una disminución de 0,9% respecto al mes anterior”.
De las 16 divisiones que componen el indicador del nivel general, 12 presentaron caídas interanuales de consideración. El desplome más severo por su peso específico se localizó en la división “Otros equipos, aparatos e instrumentos”, que registró una estrepitosa caída del 31,4%, arrastrada por la división de equipos informáticos, televisión, comunicaciones y componentes electrónicos que retrocedió un 49,8% interanual debido a la menor fabricación de teléfonos celulares y televisores.

En idéntico sentido, “Maquinaria y equipo” sufrió un descenso del 26,7%. Dentro de esta rama, la fabricación de maquinaria agropecuaria —estrechamente asociada a la demanda de inversión del campo— experimentó un derrumbe interanual del 46,6%, reflejándose en una menor producción de tractores, cosechadoras e implementos agrícolas nacionales. Los electrodomésticos y aparatos de uso doméstico también sufrieron una contracción del 20,9% debido a la caída de las ventas de heladeras y lavarropas de fabricación nacional.
La lista de sectores en retroceso incluye además a:
Prendas de vestir, cuero y calzado: Cayó un 15,9% (con una baja del 26,5% en calzado y sus partes), enfrentando una menor demanda interna y la competencia de productos importados.
Productos minerales no metálicos: Registró una baja del 12,6%, afectada por la menor actividad constructiva y una caída del 41,3% en productos de arcilla y cerámica no refractaria, donde influyeron restricciones operativas en el suministro de gas.
Productos de caucho y plástico: Disminuyó un 9,1% interanual.
Muebles y colchones: Retrocedió un 9,1% (con una caída del 12,1% en muebles).
Productos de metal: Sufrió una baja del 8,4%.
Productos textiles: Se contrajo un 13,0%.
Vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes: Cayó un 5,4% (con la fabricación de vehículos cayendo 9,9% interanual debido a un retroceso del 48,8% en las ventas a concesionarios locales de unidades nacionales).
Sustancias y productos químicos: Registró una merma del 1.3%.
Alimentos y bebidas: Mostró un descenso del 0,5%, con caídas marcadas en galletitas, panadería y pastas (-6,2%), elaboración de vinos (-13,6%), carne vacuna (-7,7%) y carne aviar (-8,7%).
Productos de tabaco: Disminuyó un 12,3%.
En contraposición, solo cuatro divisiones industriales operaron en alza, evidenciando la reactivación asimétrica del aparato productivo:
Madera, papel, edición e impresión: Trepó un 7,1% (impulsado por papel y productos de papel con un +12,6%).
Refinación del petróleo, coque y combustible nuclear: Creció un 8,1% (con el gasoil expandiéndose un 10,9% y la producción de naftas un 4,5%).
Industrias metálicas básicas: Avanzó un 1,6% (apuntalada por la industria siderúrgica con un +5,4% y el aluminio con un +5,0%).
Otro equipo de transporte: Subió un 2,6% (impulsado por motocicletas con un +11,7%).

Dentro de la división de alimentos, se destacó el fuerte comportamiento expansivo de la molienda de oleaginosas, que registró un aumento interanual del 10,7% gracias al incremento del 9,3% en el ingreso de grano de soja a las plantas de procesamiento, confirmando al complejo agroexportador como el sector más dinámico del ciclo económico actual.
La construcción en declive: retroceso en insumos críticos y pesimismo empresarial
El sector de la construcción reflejó un comportamiento contractivo similar al de la industria, consolidando el estancamiento de las obras de infraestructura. Al respecto, el organismo oficial detalló que "en julio de 2026 el indicador sintético de la actividad de la construcción (ISAC) muestra una baja de 4,5% respecto a igual mes de 2025. El acumulado del año del índice serie original presenta un aumento de 1,7% respecto a igual período de 2025”.
Al igual que en el sector industrial, la medición desestacionalizada y de ciclo de corto plazo encendió alarmas al exhibir un marcado descenso respecto al mes de junio de 2026: “En julio de 2026 el índice de la serie desestacionalizada muestra una variación negativa de 4,6% respecto al mes anterior y el índice serie tendencia-ciclo registra una variación negativa de 1,1% respecto al mes anterior”.

La evolución de la demanda interna de insumos básicos para la construcción expone con crudeza el enfriamiento de la actividad civil. Se registraron importantes bajas interanuales en el consumo aparente de asfalto (-23,1%), yeso (-21,2%), ladrillos huecos (-12,9%), cales (-9,8%), hormigón elaborado (-9,5%), cemento portland (-8,1%), placas de yeso (-7,2%), pisos y revestimientos cerámicos (-6,9%) e hierro redondo y aceros para la construcción (-2,4%). En contraste, solo registraron subas el resto de los insumos (grifería, tubos de acero sin costura y vidrio para construcción) con un incremento del 22,8%, artículos sanitarios de cerámica con un 7,0%, mosaicos graníticos y calcáreos con un 0,7% y pinturas para construcción con un leve 0,1%.
El horizonte de corto plazo para la construcción no prevé una recuperación rápida del empleo ni de los niveles de inversión. La Encuesta Cualitativa de la Construcción realizada por el INDEC a las grandes empresas del sector para el período comprendido entre agosto y octubre de 2026 expone un clima de marcado escepticismo.

En el segmento de las empresas dedicadas principalmente a la obra privada, el 75,0% prevé que el nivel de actividad no experimentará variaciones en el trimestre bajo análisis. En tanto, un 14,4% estima que disminuirá y solo un 10,6% confía en que aumentará. Para las firmas abocadas mayormente a la obra pública, las expectativas son aún más sombrías: el 57,3% opina que la actividad se mantendrá sin cambios, mientras que el 25,8% cree que disminuirá y solo el 16,9% prevé un incremento de las tareas de infraestructura.

Al indagar sobre los factores que provocarán la caída de la actividad, las constructoras de obras privadas señalaron como principales causas la caída de la actividad económica (33,4%) y los altos costos de la construcción (24,2%). Por su parte, las empresas de obra pública atribuyeron el retroceso a la caída de la actividad económica (26,5%) y los atrasos en la cadena de pagos (24,2%). En contraposición, las pocas firmas que estiman una suba en la obra pública indicaron que respondería a los nuevos planes de obra pública (23,9%) y al reinicio de obras paralizadas (22,2%).

Esta persistente inercia recesiva condiciona directamente el mercado laboral de la construcción. Entre las empresas dedicadas a obras privadas, el 76,9% prevé que la cantidad de personal ocupado (permanente y contratado) se mantendrá sin variaciones, mientras que el 14,4% proyecta reducciones de plantilla y solo un 8,7% estima incrementarla. En el ámbito de la obra pública, la expectativa de empleo se deteriora drásticamente: el 65,6% de los empresarios estima mantener sus dotaciones estables, mientras que un elevado 24,1% prevé una disminución del personal ocupado y solo el 10,3% proyecta nuevas contrataciones, reflejando las dificultades para absorber mano de obra en los centros urbanos.